
(CNN) — Sentado a solas en una habitación de hotel, sin la posibilidad de contactar a amigos o familiares, o incluso caminar por las abarrotadas calles de Hong Kong sin mirar por encima del hombro, hay muy pocas personas que pueden presumir de conocer el miedo y el aislamiento que Edward Snowden está viviendo.
Sin embargo, un hombre está mejor calificado que la mayoría.
El exespía, traidor prófugo y convicto, Christopher Boyce vendió secretos de Estados Unidos a la antigua Unión Soviética y esquivó a las autoridades estadounidenses por casi dos años antes de su detención en 1977, cuando tenía solo 22 años de edad.
Joven, idealista e impulsado por una mezcla de convicción política y la emoción de estar fuera de la ley, Boyce finalmente recibió una condena de 40 años por espionaje. En 1980, se escapó de la Penitenciaría Federal de Lompoc, California y, mientras huía, hizo una serie de robos bancarios en Idaho y Washington, delitos por los que dice que lleva un mayor peso de remordimiento que por los de espionaje.
Quedó en libertad condicional en 2003 después de cumplir 25 años. Actualmente Boyce vive en la costa oeste de Estados Unidos y trabaja en sus memorias, The Falcon and The Snowman: American Sons, prevista para el lanzamiento este año.
En ellas explica cómo, en 1974, el hijo de un respetado exagente del FBI consigue un trabajo en la industria aeroespacial y de defensa para la firma TRW en el sur de California, donde ve cables de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) que supuestamente tratan de desestabilizar al gobierno australiano, entonces dirigido por el gobierno de centro-izquierda de Gough Whitlam.
- viernes, junio 14, 2013
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